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Domingo 25 de marzo, a las 13 h,.: CUENTOS DE PUCHERO, en Librería Páramo (Villa del Libro de Urueña)

Ven a compartir con nosotros romances, leyendas y músicas de los campos de estas tierras, contados con la magia y el saber hacer de las grandes cuentistas Neysa y Cris. La entrada es libre hasta completar el aforo.

Y después, si te animas, quédate a comer un riquísimo menú degustación en el “Portalón” (12€ todo incluido). Para quedarse a comer se ruega confirmación previa.

El domingo 25 de marzo, a las 13 h,., no te pierdas esta hermosa selección de romances, leyendas y músicas de los campos de estas tierras, contados con la magia y el saber hacer de las grandes cuentistas Neysa y Cris.

Y si después te queda algo de hambre, ven a comer con nosotras un delicioso menú degustación en El Portalón por sólo 12 euros, con todo incluido.

¿Sabes de qué libro se trata? Entra en http://www.libreriaparamo.com/?p=232 antes del domingo 11 de marzo y, si aciertas, entrarás en el sorteo del libro. Cada semana propondremos una nueva obra, así que, si no quieres perderte ninguna, puedes suscribirte en el formulario que encontrarás a pie de página o indicándolo en el correo que mandes.
FRAGMENTO SELECCIONADO:
“Y no me engañó la promesa divina. Al instante se me quita aquella deforme envoltura de bestia. Primero cae el pelo horrible y enseguida la gruesa piel. Disminuye la obesidad del vientre, y en la planta de los pies, por entre los cascos, aparecen los dedos. Mis manos ya no son pies, sino que se alargan para las funciones de una persona en actitud erguida; el cuello pierde su excesiva largura; el rostro y la cabeza toman su forma redonda; las enormes orejas vuelven a su primitiva pequeñez; los dientes como piedras adquieren la medida humana, y ya desapareció la cola, que antes era lo que más me atormentaba y humillaba.”

¿Sabes de qué libro se trata? Entra en http://www.libreriaparamo.com/?p=225 antes del domingo 26 de febrero y, si aciertas, entrarás en el sorteo del libro. Cada semana propondremos una nueva obra, así que, si no quieres perderte ninguna, puedes suscribirte en el formulario que encontrarás a pie de página o indicándolo en el correo que mandes.

FRAGMENTO SELECCIONADO:

“- De los pueblos antiguos -decía Curro-, los que mejor conozco son los bártulos.
- ¿Eh?
- Como lo oyes, niña. ¿Quién no conoce a los bártulos? ¿Tú nunca has oído hablar de ellos?
- No estoy segura, pero es posible. ¿Vinieron con los vándalos y los suecos?
- Ezo es.
- No he oído nada de ellos. Los suevos se quedaron en Galicia.
- Ahá. Por eso allí hay tanta gallina. Fueron los suevos los que trajeron gallinas.
- Y los bártulos, ¿dónde se instalaron?
- En todas partes. No hay casa española donde no haya algún bártulo.”

Por favor, no pongas el título en los comentarios.

¿Sabes de qué libro se trata? Entra en http://www.libreriaparamo.com/?p=220 antes del domingo 19 de febrero y, si aciertas, entrarás en el sorteo del libro. Cada semana propondremos una nueva obra, así que, si no quieres perderte ninguna, puedes suscribirte en el formulario que encontrarás a pie de página o indicándolo en el correo que mandes.

FRAGMENTO SELECCIONADO:

“A pesar de mi escepticismo me ha quedado algo de superstición. Por ejemplo esta extraña convicción de que todas las historias que en la vida ocurren tienen además un sentido, significan algo. Que la vida, con su propia historia dice algo sobre sí misma, que nos devela gradualmente alguno de sus secretos, que está ante nosotros como un acertijo que es necesario resolver. Que las historias que en nuestra vida vivimos son la mitología de esa vida, y que en esa mitología está la clave de la verdad y del secreto. ¿Que es una ficción? Es posible, es incluso probable, pero no soy capaz de librarme de esta necesidad de descifrar permanentemente mi propia vida.”

Por favor, no pongas el título en los comentarios.

Tres años llevaban ya los Navegantes del Palomar amurueñados, exiliovarados en el pueblo de Urueña, al pie, como quien dice, del río Sequillo; precisamente desde que, tras salir a la deriva de su País Ecrotaclim,
conocieran a Atiza, que tenía un comercio de libros de viejo en un rincón de la amurallada villa.


En este periodo ellos mismos se habían hecho libreros de lance siguiendo la estela de yeso de Atiza. Ancorados como estaban, afirmaban sin embargo navegar a pesar de todo, pues si en un erial raso y desabrigado de Burgos pudieron antaño hacerse a la mar, sin tenerla de agua salada, sólo por vivir en un palomar que es palo y mar (o maderita y océano), singlaban ahora a toda vela de cera, porque leyendo, sobando libros, descúbrense mil mares y Ulises y porque, además, del líber del árbol, íntimo tejido de su corteza, proviene libro, como de sus recias costilla nacieron los barcos.
Tres años, pues, se habían evaporado de esta manera, cuando tropezaron de súbito, cual un desconocido arrecife en su derrota, con el 2012. Al embestir el casco contra este patoso cayo, no bien moderado todavía el nivel de la crujiente nave libérica, fueron Los Navegantes del Palomar tambaleándose hasta la bitácora donde guardan sus
cartografías, brújulas y compases dadás, apropiadísimos para hacer enflaquecer al más mofletudo de los jeroglíficos. Y desplegándolas, trazando y orientándose, desentrañaron que el patoso encalladero 2012, cuando se escribe con letras, enmascara:

Y nos cede 1.500 líos, el muy ladino bisiesto, porque en los 366 días, que trae, no piensa despejar más allá de 512, o sea 1,3989071 embrollos por jornada, que nada es para los que nos llueven.


¡Ay qué fusco y tenebroso sería todo, si con sus cuadrantes, reglas y pautas dadás, los Navegantes no hubieran descubierto que la mejor manera de deshacer un lío es infiltrarle sigilosamente una “e” y convertirlo en “leo”!… Total, si esos

que nos cede el bisiesto los convertimos en

con leer 4,09836065 libros por día tendremos todo solucionado y un felicísimo e ilustrado

Lucinio Álvarez, aficionado al libro viejo, quedó horrorizado al abrir el presente ejemplar y comprobar el tremendo estrago provocado por la termita. Horror que se transformó en perplejidad, primero, y en la certeza, más tarde, de que no debía leer el libro, pues la termita, en su voracidad, no se había dignado a probar ni una sola palabra. No iba él a ser menos.

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