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Archivos de la categoría ‘CUENTOS DE ATIZA’

Tres años llevaban ya los Navegantes del Palomar amurueñados, exiliovarados en el pueblo de Urueña, al pie, como quien dice, del río Sequillo; precisamente desde que, tras salir a la deriva de su País Ecrotaclim, conocieran a Atiza, que tenía un comercio de libros de viejo en un rincón de la amurallada villa. En este [...]

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Pitando de raíz

El librero Atiza escribía a veces “a libro”, o sea, no a lapicero, pluma, bolígrafo, máquina u ordenador, sino propiamente “a libro”. Así por ejemplo, mostraba en su librería un ensayo propio, de muy complejo argumento, redactado simultáneamente con alarde matemático y con severa economía de herramienta. Había tomado para escribirlo dos libros de bolsillo [...]

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Cuentos de Atiza: Fiebre

Con severo dolor de garganta había soportado la jornada el librero Atiza, que a la hora de cerrar su taberna de libros ─en latín ‘taberna’ es también ‘librería’─, se encontraba abatido por la fiebre. Echó la llave por dentro, y enseguida, en el huequecito que tenía previsto para dormir entre las estanterías, extendió el pequeño [...]

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El librero Atiza cuando sale a pasear por el campo nunca olvida guardar en el bolsillo un libro. Dice Atiza que los libros son hormigueros de petaca. Y lo justifica porque las letras provienen sin duda del orden de los himenópteros, con sus metamorfosis complicadas y sus imaginativas uniones de cabeza y tórax. Tanto como [...]

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La librería de Atiza es pequeña en superficie pero muy alta de techo, de manera que, para aprovechar bien el espacio cúbico, Atiza ha dispuesto estanterías que culminan donde muy mal se alcanza a descoger un libro.  Como a pesar de la dificultad siempre hay lectores que apetecen mirar en los andenes que solo las [...]

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A veces, ¡ay Señor, Señor!, el librero Atiza se daba cuenta de que en la librería faltaba un libro. Cuando algo así ocurría, primero con los ojos lo llamaba una y otra vez, lo convocaba para que diera el lomo o la cara si por un acaso se había descolocado, si por desconcierto había ido [...]

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El librero Atiza colecciona lectores, personas que sorprende leyendo a la intemperie, en calles, parques, jardines o caminos. Ensimismadas en el libro, con los ojos pastorean rebaños minúsculos aunque infinitos de letras, que caben en las dóciles lomas que se suceden al paso de las hojas encuadernadas y abiertas entre las manos. Aprovechando la encantada [...]

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En la librería de Atiza igual salían libros en manos de clientes, que entraban clientes que se quedaban en ella como libros. El librero Atiza sabía distinguirlos por el timbre quimérico de la voz apenas intercambiaba con ellos media palabra, o al cruzarse fugazmente con su mirada inverosímil, o al sorprenderlos en sus gestos fascinantes. [...]

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Tenía en su librería Atiza una modesta sección que rotulaba con la leyenda: “Se leen solos”. Tratábase en realidad de una selección de libros que él consideraba perfectos, redondos. Estaban allí, por ejemplo, El Lazarillo de Tormes, Sostiene Pereira, Platero y yo, El extranjero, Miss Zilphia Gant, Huckleberry Finn o Alicia en el país de [...]

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Cuentos de Atiza: zodiaco

El librero Atiza, que era Libra, cavilando sobre cómo convertir su signo en Libro –por ser sin duda el signo que le regía–, dio en alterar discretamente el orden del zodiaco. Así que, intercambiándolo con Virgo, colocó Libra inmediatamente después de Leo.  “Leo Libro”, dijo en lugar de “Leo Virgo”, Y hallando que quedaba muy [...]

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