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Archivos de la categoría ‘CUENTOS DE ATIZA’

El librero Atiza disfrutaba muchísimo atizando libros. Revolvía el fuego que duerme bajo el menudo carbón gráfico de las líneas. Caprichosamente añadía combustible para que ardieran más. Así, por ejemplo, abriendo al azar un libro de Joyce Carol Oates, leyó esta frase: “insistía en que llevásemos diarios honestos como preparación para la poesía” “¡Diarios sonethos [...]

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Andaba siempre tan en su oficio el librero Atiza, que se afanaba sacando nuevos textos incluso del polvo de los libros; y está el cuento en que, como la experiencia le había mostrado que al rozar los volúmenes para sacudírselo siempre se le ocurrían ideas, además de plumero usaba plum(aytint)ero.

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Tenía Atiza en su librería, al borde de un anaquel, una docena de tabas delante de los libros, dentro de la tapa de una cajita rectangular de madera que contenía una piedra de afilar de aceite muy usada, y junto a Los cantos de Maldoror abiertos donde dice el conde de Lautreamont: “hermoso como el [...]

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“Cierto día” contó alguna vez el librero Atiza, “una mujer llamó a la librería ofreciéndome libros. Más o menos una semana después acudí a su domicilio para verlos. Tenía las paredes del salón cubiertas de estanterías que rebosaban volúmenes y la mesa de trabajo desaparecía bajo un número incalculable de variadísimas urnas cinerarias. ‹‹Vendo toda [...]

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Cuentos de Atiza. XIII

Cuando llevaba el librero Atiza de feria sus libros, claro está que los marcaba con el descuento habitual del diez por ciento, y además, en lugar preferente del tablero ponía un diez de ciento, esto es, un bloque de diez libros de sabrosísima literatura, escogidos de otro mayor de cien libros suculentos, que mantenía en [...]

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Cuentos de Atiza. XI

El pequeño establecimiento del librero Atiza, muy cuajado de volúmenes de todos los tamaños, estaba situado en una pequeña, atractiva villa amurallada, por donde transitaban turistas con frecuencia. No pasaba semana sin que Atiza viese entrar en su librería alguna mujer que pedía dedales. Esta circunstancia, que le irritó al principio, pues resultaba transparente que [...]

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Atiza 3

En los primeros tiempos de su librería, los libros tomaban el pelo al librero Atiza. No sólo se  amontonaban sin urbanidad hasta que conseguían agobiarlo, también le robaban absolutamente el sitio subiéndose hasta en la silla, o desparramándose por el suelo le echaban zancadillas, o se escondían para no reposar en las estanterías, como el [...]

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Cuentos de Atiza. III

X. Cuando el librero Atiza se quedaba a dormir en la librería, al despertar tomaba notas de sus sueños en el vaho de las ventanas, que luego el sol borraba con su fulgente goma de calor. Cuando le preguntaban al librero Atiza por qué no los hacía consistentes escribiéndolos en papel, respondía. “Porque sólo son [...]

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VIII Sacó Atiza a la puerta de su librería una selección de libros, y como hacía algo de viento comenzaron a abanicarse inmediatamente. –¡Vaya si sois particulares y cómo os gusta llevar la contraria! –Les amonestó–. Uno se abanica cuando el calor sofoca; pero vosotros no: cuanta más brisa hace, más aire os dais. –Más [...]

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CUENTOS DE ATIZA 1

I Se citó atiza, consumida ya la tarde, con otro librero para asar un libro. Habían elegido uno poco conocido de Jack London: El vagabundo de las estrellas. El encuadernador con quien previamente habían quedado de acuerdo, en un abrir y cerrar de pastas añadió un asa en el lomo del volumen. Atiza y su [...]

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