Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘LECTURA TAvERNÁCULA’ Category

Después de mantener 274 páginas inmaculadas, este efusivo lector carrasqueño no pudo contener más su impulso señalético y, ya en las conclusiones, dio por fin libertad a su nervioso bolígrafo para subrayar, resaltar y anotar lo que, a su parecer, merecía el calificativo de “Super Ojo”. Y es que habían sido ya demasiadas páginas reteniendo la mano, haciendo ejercicios respiratorios y recurriendo a complejas meditaciones para lograr su promesa de mantener, por primera vez en su vida, un libro sin señales. No sabemos si la fuerza e intensidad de los subrayados, especialmente alrededor de la fecha final, son por la reacción ante lo leído o bien por la frustración ante su incapacidad de cumplir la promesa. Lo que sí ha trascendido es que ese mismo día volvió a fumar compulsivamente.

Anuncios

Read Full Post »

A este ávido lector de Joyce le pareció sin duda poca cosa la insulsa portada de la edición del Ulises publicada por Tusquets. A pesar de ello, no fue hasta que lo releyó por segunda vez y prestó atención a la soberbia descripción de Dios -página 103, única señal a lápiz que profana el libro- que decidió remediar aquella carencia haciendo un collage de la silueta del autor, pegándola sobre un fondo de llameantes colores. ¿Una forma de rendir tributo a un Dios? Podría ser, si creemos en la descripción del libro, aunque la verdad, en este caso, sólo Dios la sabe. Al menos de momento: ¿quizás tenga la bondad de revelarla con un comentario en este blog?

Read Full Post »

Salió sin libro este lector de una librería de viejo de la calle San Bernardo, en Madrid, donde había entrado a esperar que escampase; pero cuando amainó la lluvia y decidió seguir camino bajo su gastado paraguas negro al que le fallaba una varilla, al desembocar en la calle del Pez, de un contenedor rescató la Historia del Levantamiento, Guerra y Revolución de España del Conde de Toreno, deslucida más que por la edad por el chaparrón y desteñida. Ya en su buhardilla la secó sin prisa con aire caliente. Y aunque esa misma noche comenzara a leerla, se sabe que no llegó al Libro Segundo pues, meticulosísimo como era, no le pasó desapercibido que faltaba 1º sobre la raya de debajo de Primero, y naturalmente subsanó el defecto; e indubitable y compulsivamente lo  habría hecho sobre la raya de debajo de Segundo de haber progresado en la lectura hasta allí.

Read Full Post »

En la pequeña librería de viejo que frecuentaba, ella, tan precisa siempre, tropezó con el tomo I de la Historia de la literatura española de Narciso Alonso Cortés cuyas hojas de basto papel amarilleaban de reposo. Una página capicúa despertó su interés al abrirlo al azar. Allí habían echado a lapicero cuenta minuciosa del tiempo que vivió Cervantes: 69 años, 7 meses, 9 días. Lo compró únicamente para, nada más llegar a casa, poder matizar con flecha y amplia caligrafía que ése no era el tiempo total sino el que Miguel pasó bautizado.

Read Full Post »

Carmen sólo conocía un remedio para contrarrestar el tedio de una oposición a judicaturas: dibujar. Cuando las leyes empezaban a bailar ante sus ojos la danza de los locos, echaba mano de pluma y tintero y daba forma a hermosos paisajes de amplios horizontes, donde no cabían prohibiciones impuestas por el arbitrio del ser humano. Precisamente pensaba Carmen en el caprichoso criterio punitivo que a todos nos constriñe, cuando una incisiva gota de tinta cayó de la pluma, derrotada por la implacable ley de la gravedad, hasta manchar la palabra arbitrariedad. ¿Simple casualidad? No le pareció tal a Carmen, que después de sentir el calambre de una revelación, cerró para siempre el libro e inició la búsqueda de nuevos horizontes.

Read Full Post »

En El niño de la bola, novela por D. Pedro Antonio de Alarcón, en uno de los ejemplares de la edición  de 1880  que se hizo en Madrid en la Imprenta Central, en la página 6 el azar probablemente quiso aclarar el significado de este pasaje donde se suben elevaciones por retorcidas cuestas y un mal camino de herradura, y a modo de glosa, con una mancha al margen, metió la pezuña.

Read Full Post »

La mancha de chocolate ya había encontrado su acomodo cuando Rosa abrió el libro por primera vez tras haberlo comprado, como nuevo, en la librería “El rincón de Alejandría”, perdida en una alejada y misteriosa villa. Y es que el librero, aficionado por igual al dulce placer de la lectura y del chocolate, no podía evitar saciar sus dos pasiones al mismo tiempo, dejando su sello impreso en páginas elegidas por el azar de un descuido. Cuando vio la mancha, Rosa arrugó la nariz, sintió un amago de indignación y, con un suspiro resignado, cerró el libro momentáneamente y corrió a la cocina. A por chocolate. Las manchas de las siguientes páginas ya son otra historia.

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »

A %d blogueros les gusta esto: