Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Villa del Libro’

necesidad

Read Full Post »

Carmen sólo conocía un remedio para contrarrestar el tedio de una oposición a judicaturas: dibujar. Cuando las leyes empezaban a bailar ante sus ojos la danza de los locos, echaba mano de pluma y tintero y daba forma a hermosos paisajes de amplios horizontes, donde no cabían prohibiciones impuestas por el arbitrio del ser humano. Precisamente pensaba Carmen en el caprichoso criterio punitivo que a todos nos constriñe, cuando una incisiva gota de tinta cayó de la pluma, derrotada por la implacable ley de la gravedad, hasta manchar la palabra arbitrariedad. ¿Simple casualidad? No le pareció tal a Carmen, que después de sentir el calambre de una revelación, cerró para siempre el libro e inició la búsqueda de nuevos horizontes.

Read Full Post »

En El niño de la bola, novela por D. Pedro Antonio de Alarcón, en uno de los ejemplares de la edición  de 1880  que se hizo en Madrid en la Imprenta Central, en la página 6 el azar probablemente quiso aclarar el significado de este pasaje donde se suben elevaciones por retorcidas cuestas y un mal camino de herradura, y a modo de glosa, con una mancha al margen, metió la pezuña.

Read Full Post »

Read Full Post »

Read Full Post »

Yo, y punto.

Read Full Post »

El pasado invierno apareció, en un camino cerca de la librería, un pequeño volumen de madera que, temiendo acabar en una chimenea, se lamentaba de no ser libro.

Read Full Post »

Los libros de lavar siempre van en tabla, porque quien los ve, “entabla” conversación.

Read Full Post »

La mancha de chocolate ya había encontrado su acomodo cuando Rosa abrió el libro por primera vez tras haberlo comprado, como nuevo, en la librería “El rincón de Alejandría”, perdida en una alejada y misteriosa villa. Y es que el librero, aficionado por igual al dulce placer de la lectura y del chocolate, no podía evitar saciar sus dos pasiones al mismo tiempo, dejando su sello impreso en páginas elegidas por el azar de un descuido. Cuando vio la mancha, Rosa arrugó la nariz, sintió un amago de indignación y, con un suspiro resignado, cerró el libro momentáneamente y corrió a la cocina. A por chocolate. Las manchas de las siguientes páginas ya son otra historia.

Read Full Post »

Cuando llevaba el librero Atiza de feria sus libros, claro está que los marcaba con el descuento habitual del diez por ciento, y además, en lugar preferente del tablero ponía un diez de ciento, esto es, un bloque de diez libros de sabrosísima literatura, escogidos de otro mayor de cien libros suculentos, que mantenía en la despensa separado de otro de mil libros apetitosos. Y es que Atiza no consentía que sus clientes pasaran hambre de lectura.

Read Full Post »

Older Posts »

A %d blogueros les gusta esto: